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La
antigua Arehuc o Arehucas remonta
su origen a la etapa prehispánica, de hecho, su nombre procedería
del término aborigen Arehucas o de alguna otra palabra semejante
a esta. Esta población fue destruida en la primera incursión
que hizo el conquistador Juan Rejón en 1479. Dos años más
tarde, el célebre caudillo Doramas perdía la vida en la
conocida "Batall a
de Arucas", a manos de Pedro de Vera, sucesor de Juan Rejón.
Después
de la conquista, este lugar se fue poblando, principalmente a comienzos
del siglo XVI, de numerosos caballeros a los que se les entregaron tierras
y aguas tras el Repartimiento de las islas. Parece ser que en 1503 la
fundación de Arucas era ya un hecho. La ciudad empezó a
gestarse a partir del pequeño caserío que se fue apiñando
alrededor de la Ermita de San Juan, situada en los mismos terrenos que
ocupa la actual iglesia. La
Ciudad de Arucas tiene dos polos de nacimiento y desarrollo urbanos: la
"Villa de arriba" - actualmente La Goleta y Lomo de San Pedro
-, donde se instalaron algunos ingenios azucareros y donde estaba la casa
de los Mansel y la Ermita de San Pedro (ésta al menos desde 1525)
y la "Villa de abajo", ocupada por operarios de los ingenios
que formaban unas
pocas casas junto a la Ermita de San Juan Bautista, que estaba situada
al norte de la actual iglesia homónima. Esta ermita llegó
a ser parroquia en 1515 y junto a la Ermita de San Sebastián -
situada en el lugar de la Plaza de la Constitución - se constituyeron
como los dos puntos de referencia de esa "Villa de abajo". En
el siglo XVII estos dos centros ya estaban formalizados; un núcleo
religioso y residencial en torno a la Iglesia de San Juan - cuyas obras
para el nuevo edificio se habían iniciado a mediados del siglo
- y otro centro, éste comercial, en torno al pósito del
grano, la alcaldía y la Ermita de San Sebastián reconstruida
hacia 1670. La calle de San Juan, en la vertiente de máxima pendiente,
separaba ambos centros y los comunicaba con casas-cueva en la falda sur
de la montaña.
El camino procesional que unía la Iglesia de San Juan con la Ermita
de San Pedro - en La Goleta -, pasando junto a la de San Sebastián
se constituyó en el eje verbal de la estructura urbana de Arucas;
la ciudad por entonces era un conglomerado de casas-cueva, casas terreras,
haciendas y fincas sin plan urbano, cuya realidad de trazado podemos ver
hoy en la serie de serventías, callejones y vías que formalizan
las perspectivas urbanas de la ciudad. A principios del siglo XVIII la
Ermita de San Pedro pasó a ubicarse en terrenos del Mayorazgo,
donde se encuentra en este momento reconstruida. Allí se celebró
el culto al santo entre 1724 y 1829, fecha en que, tras una serie de avatares
que incluye varias ruinas del edificio, pasa a la ermita de San Sebastián
- en uno de los dos centros de la "Villa de abajo" -; en ese
momento, esta ermita cambia su vieja advocación por la de San Pedro.
A principio del siglo XIX ya está conformada la "Villa de
abajo" tal como la conocemos con dos abanicos de calles que salen
radialmente de las plazas de San Juan y San Sebastián para encontrarse
en la calle de San Juan. Dos vías esenciales: la calle Real - León
y Castillo - y Muñoz - Los Marqueses - al sur y al norte limitan
el casco urbano, junto con las propiedades agrícolas de Mirón,
Las Vegas, Las Hoyas, Mayorazgo y la red de acequias principales ("Real",
"Alta", hacia el norte, y la que va a Cardones, al este).
El impulso urbanizador y constructor de Arucas a partir de la segunda
mitad del siglo XIX fue producto de la riqueza proveniente del cultivo
de la cochinilla. En 1868, durante la revolución de septiembre,
se derruyó la Ermita de San Sebastián - San Pedro, liberando
un solar donde se construiría más tarde - entre 1875-1882
- el Ayuntamiento, el Mercado y la nueva Plaza cívica. Ya en la
última década del siglo se realineó la calle Real
(con un proyecto que coincide con el nombramiento de Arucas como Ciudad
en 1894), sustituyéndose buena parte de las casas terreras que
allí se encontraban por casonas "de principal"; esta
vía siguió abriéndose a lo largo de la actual calle
Francisco Gourié, en lo que fue el único proyecto urbano
conocido del siglo XIX. Los grandes y bellos edificios que hoy vemos a
lo largo de ambas vías se erigieron en un tiempo muy corto, al
amparo de la riqueza azucarera - que ya hemos visto que se prolongó
hasta 1910 -. Es en ese momento cuando se produjo en gran parte la imagen
actual de Arucas y que ha merecido su declaración como Casco Histórico
- Artístico (10 Diciembre 1976). 
Esos años fueron también los de crecimiento de los pagos
del norte, fundamentalmente Bañaderos y Cardones. El primero, conocido
ya a mediados del siglo XIX por ser lugar de baños junto a la "Fuente
Agria", tuvo su auge tras la terminación de la Iglesia de
San Pedro (1878) - a donde se trasladó su culto desde Arucas -,
que generó un centro urbano en torno a la plaza, con algunos edificios
de dos plantas, "de patio", construidos a principios de siglo,
así como algunos que se sitúan a lo largo de la carretera
que iba a los municipios del noroeste. Por otro lado, en Cardones, en
la falda sur de la colina - y también lugar de paso en el viejo
camino real de Tenoya a Cruz de Pineda y de aquí al norte -, la
Iglesia de San Isidro - reconstruida en las primeras décadas de
este siglo - fue en cambio el remate de una serie de vías sur-norte
a las que hoy dan fachada casi siempre series de viviendas terreras. En
ambos pagos hubo otra etapa de crecimiento entre 1920 y 1930 - según
los datos del archivo - con los mismos modelos edificatorios.
Posiblemente fue a lo largo de todo el siglo XIX cuando se define la estructura
urbana de El Cerrillo y La Goleta que hoy conocemos. Estando en ésta
última el origen de la "Villa de arriba", casi no tenemos
noticias del desarrollo de estos barrios hasta el siglo pasado. Es entonces
cuando entre la carretera que sube a Firgas y la acequia que trae el agua
desde las Madres se termina de delimitar una estrecha franja de casas
- en una amplia casuística que va de la crujía con cubiertas
de tejas o la casa terrera a la casa "de principal" - que ocupa
prácticamente toda la longitud de la vía. Es aquí
donde aún se encuentra una serie de molinos harineros que, hasta
la mitad de este siglo, aprovechan la fuerza hidráulica del discurrir
de la acequia.
A lo largo de las carreteras - sobre todo la que lleva de Arucas al noroeste
de la isla pasando por Bañaderos - y caminos reales, encontramos
una buena cantidad de haciendas y casas solariegas que datan de los siglos
XVII o XVIII, como las fincas del Carril, de Trasmontaña y Cruz
de Pineda en el camino real antes citado. Aquellas son el centro de los
latifundios agrícolas establecidos desde la conquista y que tuvieron
su auge, además de en las dos épocas citadas - a caballo
de los siglos XIX y XX, en el monocultivo platanero durante el período
de entreguerras, cuya riqueza llegó hasta 1950. En esa década,
de hecho, se terminaron algunos de los mejores edificios. Estos conjuntos
arquitectónicos -edificio de habitación y de servicios,
establos y almacenes - definen entornos cerrados en "L" o en
"U" de construcción tradicional con grandes espacios
al aire libre cerrados por una tapia, que son modelos de una alternativa
tipológica a la vivienda urbana.
La estructura de regadío tuvo en Arucas una enorme importancia.
Aún se conserva buena parte de la red de acequias que traían
el agua desde Firgas, cuyo origen está en las primeras conducciones
de riego para la caña de azúcar y para mover los ingenios
de los trapiches de la "Villa de arriba". A principios de ese
siglo ya se regaba tierras del Mayorazgo junto a la naciente Arucas. Desde
entonces, la Heredad de Aguas ha ido construyendo una verdadera "arquitectura
del agua" con multitud de acequias, tornas y más tarde cantoneras
de reparto -algunas muy importantes como la de "Las Chorreras"-,
y por último, ya a caballo de los siglos XIX y XX, las grandes
presas del barranco de Pinto. Todo esto constituye un valioso patrimonio
para la isla.

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