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HABITANTES: 3518

Iglesia de San Isidro LabradorEl pueblo de Montaña de Cardones surgió a partir de un antiguo poblado prehispánico que se establecía en la falda sur de la misma montaña, a resguardo de los vientos alisios. Su primigenia extensión abarcaría el Barranco de Cardones, El Valle, Rosa Silva y El Carril.

El topónimo de Cardones se cree que proviene del siglo XVIII, tal vez incluso mucho antes y hace referencia a la vegetación existente en la zona, el cardón, que se establecía por toda la montaña.

A lo largo de casi toda su historia la población de este pueblo se dedicaba, eminentemente, a la agricultura y a la ganadería, cuestión que se prolongó hasta la década de los años setenta del siglo XX, con el cultivo de la platanera. De hecho, el patrono de Cardones es San Isidro Labrador, en honor a la gran cantidad de labradores.

Este pueblo siempre ha sido muy singular, pues ya en 1830 poseía escuela propia y en 1897, según Pedro Marcelino Quintana, comenzó a construirse, con una sola nave, la ermita de San Isidro Labrador, sobre un solar cedido por las hermanas, Luisa y Sebastiana Manrique de Lara. Bendecida en 1902 pasó a convertirse en Parroquia trece años más tarde.

La Iglesia constaría de una sola nave hasta en 1923, año en que se colocaron las primeras piedras de las naves laterales, terminándose en 1925. No obstante, la fachada principal, en estilo neogótico se inició en 1928. Entre 1995 y 1996 tuvieron que ser restaurados casi todos los elementos decorativos en piedra debido a su mal estado. Los trabajos corrieron a cargo principalmente de los librantes aruquenses Félix Rodríguez, Manuel Marrero y Fernando Rodríguez.

Junto a este edificio emblemático figuran otros que, aunque mucho más modestos, reflejan la idiosincrasia del pueblo. Así, por ejemplo, en la Avenida Pedro Morales Déniz destacan algunas casas con decoración en cantería como la oficina de Pedro Morales Déniz realizada en 1910; las casas terreras ubicadas en el margen derecho de la calzada de finales del siglo XIX y principios del XX y la casa de dos plantas, a nuestro juicio la más importante, tanto por su altura como por la elegancia del trabajo de la piedra (finales del siglo XIX). Por último, destaca la Casa de José Fariña, de principios del siglo XX, con un inusual porche de entrada y la serie de casas terreras de la calle de San Isidro.


A todo este patrimonio arquitectónico habrías que añadir el etnográfico como acequias, cantoneras, etc., sobresaliendo, por la implicación de la ciudadanía para su recuperación, la llamada “Fuente de Cardones”.