Manolo
Ramos es uno de los grandes escultores españoles de todos los
tiempos y, aunque su figura ha sido injustamente olvidada con el paso
de los años, su extraordinaria obra sigue siendo actual dentro
de las corrientes figurativas.
Manolo Ramos nació en Arucas un 26 de diciembre de 1899, cuarto
hijo de una familia burguesa adinerada. Desde niño, dio muestras
de su inclinación por la escultura, ya que pasaba largas horas
en un vecino taller de carpintería viendo como trabajaban sus
operarios. Y, también, de una manera autodidacta, dibuja todo
lo que se cruza en su camino.
Cuando comienza sus estudios en los hermanos de La Salle de Arucas,
destaca por su manera de dibujar y también da sus primeros pasos
en la talla de la madera en la carpintería aruquense de Tomás
Almeida. Pero, su padre no fomenta las aptitudes artísticas del
artista y, para alejarle de estos caminos, le coloca como dependiente
en una tienda, caso similar al de Joan Miró.
Fue providencial, para la carrera artística de Manolo Ramos,
la venida a la isla del gran escultor Victorio Macho para proceder a
la instalación del monumento funerario de Tomás Morales,
muerto en 1921, en el cementerio de Las Palmas, monumento que el escultor
regalara a la viuda, debido a su gran amistad con el poeta, ocasión
que también empleó para fijar el emplazamiento del monumento
a Galdós, en el antiguo muelle de Las Palmas, de espaldas al
mar, que no sería montado hasta 1930. Victorio Macho, invitado
a almorzar en Arucas, pudo ver dos relieves del aprendiz de escultor,
que le sorprendieron por el talento que demostraban, aconsejándole
que se dedicara a esculpir. El padre del artista entra en razón
y le permitió desplazarse a Madrid, en 1921, para estudiar en
la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, frecuentando también
el taller de Macho, que ejercerá una influencia decisiva en la
obra de Ramos, al igual que en la Escuela la presencia de Miguel Blay,
el gran escultor catalán que allí impartía clases,
junto a Sorolla, Plá y Moreno Carbonero, y que se convertiría
en su principal maestro. En el verano, frecuenta también el taller
del escultor más famoso de la época, Mariano Benlliure,
por lo que en su obra también aparecerá, aunque más
levemente, su huella.
De esta
primera época y, realizados de una manera autodidacta, son una
serie de bustos y figuras de niños, en yeso, que reflejan su
incipiente maestría. Sobresale en sus estudios artísticos
y consigue el accésit en la exposición de los alumnos
de la Escuela por su obra Manelich.
Tras finalizar su carrera, regresa a Las Palmas por una breve temporada,
realizando una exposición de yesos y dibujos, ya que era también
un extraordinario dibujante.
Blay fue nombrado director de la Academia Española en Roma, marchando
posteriormente a París, que en aquel entonces era el sumo dorado
de todo artista. Allí permanecerá siete años y
allí se casará con la Suiza Marlis Heissig, de cuyo matrimonio
nacerán un hijo, que morirá aún niño, y
su hija Manón, consagrada a la memoria de su padre. Fueron años
de bohemia dorada, de apuros económicos y de conocimiento de
grandes artistas, como Néstor, y los grandes escultores franceses
Bourdelle y Maillol.
En 1932,
decide regresar a la isla con su familia, realizando una exposición
de su obra, de gran éxito. Además tuvo una gran preocupación
por la enseñanza artística y, fruto de ello, fueron las
academias de arte de Arucas, Telde, patrocinada por las Federaciones
Obreras, lo que servirá para que en 1936 fuera detenido y acusado,
acusación de la que rápidamente se librará, y la
del Puerto de la Luz, que llevaría su nombre, para la enseñanza
del arte y de la artesanía y de la que sería alumno Martín
Chirino.
Tras la guerra, en 1944, marcha a Madrid, en donde alcanza grandes éxitos
con su obra, realizando retratos de intelectuales, médicos, políticos
y el monumento, en Valladolid, a Onésimo Redondo, líder
de las JONS, presentando un proyecto para la Basílica de Cuelgamuros
(Valle de los Caídos), que no fue aceptado.
En 1964, enferma del corazón y decide regresar - a Canarias,
estableciéndose en La Orotava, en donde fallece en 1971.
Manolo Ramos fue un escultor que trató todos los materiales,
sobre todo, las maderas nobles, como el barbusano, la caoba, el cedro,
el ébano, pero también talló la piedra, principalmente
la granítica, usando mucho menos el bronce, aparte de los numerosos
yesos que se conservan a modo de bocetos y que serían en su mayoría
llevados a tallas en madera.
Trató
todos los temas: retratos, principalmente en busto o relieve, niños,
desnudos, animales, asuntos religiosos, siendo diversas sus influencias.
Fue un excelente escultor animalista: la cabra con el baifo, el avestruz,
el pato, la paloma, realizadas en madera, algunas influidas por Mateo
Hernández, el mejor escultor español de animales, que
residiera en París.
Su obra religiosa más importante es el "Cristo Yacente"
de la Iglesia Parroquial de Arucas, realizado en madera, que aunque
muerto aparece con las piernas flexionadas y con un excelente estudio
de anatomía en el tratamiento de las costillas, obra maestra
totalmente original, sin influencia alguna, y que puede considerarse
como una de las cumbres de la imaginería española de todos
los tiempos, de belleza exquisita en el modelado de rostro y cuerpo.
Muy similar es el cuerpo de Jesús del grupo de "La Piedad",
que se le encargó para el Valle de los Caídos y, que no
cabe duda, inspiró el grupo de Avalos, que es el que se llevaría
a cabo. Una nueva "Piedad", tiene influencias de Macho, en
la figura de la Virgen, que recuerda en su cabeza cubierta con una capucha
al "Cristo del Otero", aunque la influencia es aún
mayor en "El Héroe", realizada en granito, en el que
la velada figura recuerda "La Musa" del monumento funerario
de Tomás Morales. Santos, Vírgenes y Cristos completan
su repertorio religioso y un delicioso grupo en barro de "El entierro
de Cristo", evoca a La Roldana, escultora del siglo XVIII, con
grupos del mismo material.
El indigenismo aflora a cada instante en sus maternidades, en sus campesinos,
en muchos de sus niños, en las caras de anchos pómulos
y labios gruesos. Y algunos de sus tipos populares poseen un hondo expresionismo,
como "Los Ciegos". También expresionista es "La
Mendiga", de rostro velado y manos extendidas.
De su etapa parisina son sus bustos de negras, ejecutados en madera
y que responden al auge de la escultura africana entre los artistas
residentes en París.
Los temas infantiles se prodigan en su obra, bien formando parte de
maternidades, bien jugando, en su mayoría desnudos, o bien en
retratos, como el de su hija Manón con su osito de peluche.
Y su otro gran tema, el desnudo, especialmente el femenino. Algunos
de una gran sensualidad, unidos a la piedra en la que están realizados,
como "Amanecer", realizado en granito negro, y cuyo cuerpo
nos sugiere algo vegetal, como una nueva Dafne que se está metamorfoseando
en planta. Sin embargo, su obra maestra en este campo es "Amor
completo", realizado en granito, con un acabado estudio de los
desnudos masculino y femenino, obra erótica y delicada a la vez,
en la que los cuerpos se funden en un largo abrazo, mezclándose
con el suelo vegetal.
Sus últimas obras en la década de los 60, en su mayoría
juveniles desnudos femeninos, tienden hacia una estilización
de las formas, acercándose a Maillol. Algunas, como "Elam"
o "Desesperación", llegan a una geometrización
de las formas, indicando su evolución en el campo de la escultura.
© PALOMA HERRERO
Académica correspondiente de
Bellas Artes de San Fernando.
Antología de Manolo Ramos